Nos recuerda uno de los valores más importantes en nuestras vidas

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Me atrevo a admitir que a mis 33 años, podría convertirme fácilmente en un fan de My Little Pony. Se preguntarán un tanto perturbados: ¿Y a este tipo qué le pasa? Pero es verdad. Y estoy convencido de que personas aún mayores y conservadoras se habrán encariñado con Twilight Sparkle y compañía.

He visto el trailer de la película –que se estrena esta semana–, una veintena de veces. Y me he reído como hace mucho tiempo no lo hacía. Toparse con las alocadas travesuras de las coquetas ponis es muy delicioso y refrescante.

Y no quiero ser pretencioso, sino más bien justo. Les puedo asegurar que he visto todo tipo de series y películas animadas. Desde el valiente Remi y el encantador Osito Misha hasta los últimos estrenos en Netflix. Y no sé si es más difícil hacer reír a los más pequeños ahora, pero los mensajes genuinos, limpios, sencillos y amigables funcionaban muy bien. Y ahí es donde las pequeñas ponis exhiben, irónicamente, toda su caballería.

Con un estilo alegre y dulzón, las tiernas habitantes de Equestria siempre están dispuestas a enfrentar cualquier adversidad  unidas. Y la lealtad, damas y caballeros, es una virtud muy especial. Sus personalidades son muy diferentes, pero están sólidamente construidas. Por eso es muy fácil identificarse con las ponis. 

En la historia del cine, la lealtad es una de las premisas más respetables de las que hayamos sido testigos. Ya sea en historias épicas como Salvando al Soldado Ryan; o en El Padrino, la lealtad es un valor fundamental. Lauren Faust, directora creativa de la serie, así como los guionistas,  apostaron por este principio desde el inicio. Pero han garantizado por supuesto un humor inquieto, colorido e inocente, que perfilan la forma de ser de las pequeñas ponis.

La verdadera amistad perdura para siempre

No es casualidad que uno de los videos promocionales de la película consistiera en un encuentro genuino entre padres de familia y los mejores amigos de sus hijos. Los pequeños tenían una tarea: compartirle a dichos padres y madres qué hacía tan especial la amistad entre ellos como niños.  Las respuestas eran tan nobles y hermosas, que muchos de los señores no pudieron contener las lágrimas.

La amistad, la verdadera amistad, es algo que perdura hasta el final de nuestras vidas. En el jardín de niños tenemos la oportunidad de conocer a nuestros primeros amigos. Con los años, aparecen nuevos y otros se van. Al final de la secundaria firmamos nuestros anuarios y prometemos visitarnos en la universidad. Invitamos a a nuevos y viejos amigos a nuestras bodas y luego a los bautizos. Les queremos a nuestro lado, como igual lo hacen las ponis.

My Little Pony, tanto en la serie como ahora en la película, no pretende necesariamente moralizar sobre este tema, pero en cambio, lo plantea y lo transmite de una manera muy sutil, cómoda y divertida.  El público más joven, las niñas y los niños, ni siquiera se da cuenta de tales enseñanzas. Más bien lo asimilan como algo natural que encaja perfectamente con su manera de ser. Y desde otra perspectiva, esta misma intención de los creadores de la franquicia, es asumida por los padres sin mayor sospecha.

Para quienes han sido fans de My Little Pony, le resultará exquisito disfrutar de este estreno con los mejores acabados para tecnología en 2D. Y para quienes hasta ahora se han resistido a ver algún episodio porque lo ven “demasiado infantil” , se les presenta ahora la oportunidad de conocer a Twilight  Sparkle,  Rainbow Dash, Spike Capper y compañía, para soltarse a carcajadas con sus ocurrencias.